METAFÍSICA DE LOS TUBOS de Amélie Nothomb
METAFÍSICA DE LOS TUBOS (Metaphysique des …) (2000)Amélie Nothomb
Editorial: Anagrama Colección Panorama de Narrativas
Año :2001
Páginas :142

Argumento
“En el principio no había nada…” así empieza la novela, como un juego de analogía del “Génesis”. En vez del Mundo (con mayúsculas) nace el mundo de una pequeña niña a la que no le interesa la vida y vegeta hasta los dos años buscando razones para dejar de mirar fijamente al techo. Lo encuentra y su análisis de la vida, del Japón donde vive, de las cosas.. combina la inteligencia, la sabiduría y la candidez infantil.
Opinión personal
Excelente libro, que se lee en un abrir y cerrar de ojos. En el que la ironía, el humor se mezcla con la filosofía, con el estudio de las reacciones humanas (las propias de la niña protagonista y las de la gente que le rodea). Un análisis crítico de la cultura japonesa y de la vida en general (la de todos). No hay una sola página que baje el ritmo del libro y que desmerezca. Es un buen libro para pasar el rato y para pensar… ¡Ah! y para reír…
Wineruda

Me gustó mucho este libro, he leido muchas obras de esta autora, y me parece que realmente tiene un mundo propio muy interesante, que como bien lo decís se lee en un abrir y cerrar de ojos cad auno de sus libros. Sin embargo me parece que el mejor es “Estupor y Temblores” y también me gustó mucho el último “Biografía del hambre” donde retoma el período autobiográfico de “metafísica…” Muy bueno el blog, entré porque no se que voy a leer ahora, y buscaba alguna recomendación y la verdad me diste buenas ideas, en casa tengo las obras de perec que recomendás, asi que creo que allí iré!!!
Comment by Maria Valeria — @
pesimo libro. hahaha esta deprimente. solo esto:
una niña vegetal, que luego nace super dotada y quiere suicidarse! yaaaay!!!
PESIMO LIBRO.
Comment by alta — @
Durante años, jovencitas despiertas y vigilantes a los nuevos aires literarios me han aconsejado la lectura —siempre inmediata— de la obra de Amèlie Nothomb, escritora belga-nipona de gran, dicen algunas, solvencia literaria.
Con ese movimiento de placas tectónicas que supone encajar un nuevo autor en la corteza que cada uno considera canónica, intenté instalar ayer a la citada escritora. Leído lo leído (Metafísica de los tubos, Barcelona, Quinteto, 2006), contemplo indolentemente como es éste otro nombre para guardar en el habitáculo estanco del observatorio sísmico de las veleidades creativas, allí donde quedan alojados otros vapores de solfatara que perfuman las mesas de novedades.
La Metafísica de los tubos es una novela corta entre lo cutre-kafkakiano y la bonhomía bienpensante dignas de Bariccos, Rivas, Tabucchis y otros pájaros babélicos. En resumen, la novela cuenta los avances vitales de una niña, hija de un diplomático belga en Japón, que toma conciencia de tubo desde sus más tempranos parpadeos. Esta situación acaba con la llegada de su abuela a la ciudad de Kobe para visitar y observar de cerca tan increíble fenómeno. Los padres quedan estupefactos al ver como su tubo sale de esa condición por el simple hecho de encontrarse con el placer, materializado en una tableta de chocolate blanco que le da a probar su abuela. A partir de ahí se narrarán su relación con dos asistentas japonesas que personifican el bien y el mal respectivamente; el intento de suicidio truncado; y el deseo de la protagonista de no separarse nunca de la cultura japonesa. Todo ello con el contrapunto de fondo de un repaso a las incursiones occidentales en el país durante la 2ª Guerra Mundial.
En fin, para ser sinceros, no se le negará a la obra algún fogonazo desvaído al final de un túnel de intuiciones líricas, aunque todo se queda bajo la forma de una filosofía (de ahí lo de Metafísica) licuada sin apenas desarrollo, algo que agradará a lectores de fin de semana, a horteras (con su antigua acepción de dependiente de tienda) y a otras almas cándidas que bailan al compás de los suplementos culturales de signo progresista.
Stendhal, en una celebre frase a Merimée, decía: “Escribir no es apuntar; escribir es disparar”. La tarde de ayer la desperdicié en el campo de tiro, mientras que el practicante sólo atinaba a mirar por encima del cañón, sin intuir apenas la diana al fondo del pasillo.
Comment by fritanga — @