HOJAS DE HIERBA
(…)
Walt Whitman

Ediciones Mayol Pujol
Traducción de Francisco Alexander, 1983
718 páginas

Estaba en una librería, hace años, resaltando entre filas de libros, la impresionante mole verde de “Hojas de hierba”. Recordé algo de no sé qué película o no sé qué lección y lo hojeé. No fue amor a primera vista, pero era muy barato y a peso, sólo, ya merecía la pena. Unos meses o años después lo cogí y descubrí a un poeta enamorado de la vida; sus versos eran salmos a la alegría, a las personas, al amor, sus estrofas eran marchas militares (sin armas) a la alegría, a querer y seguir viviendo. Si te deprimes lee “Canto a mí mismo” o cualquier otro; revivirás. Confieso que no lo he leído entero, lo que me alegra, aún tengo muchas cosas por descubrir.

CANTO A MI MISMO
Ahora os descubriré una batalla naval de tiempos lejanos
Os diré quién fue el vencedor bajo la luz impasible de la luna.
No es una fábula.
Mi bisabuelo materno, el marino, me la refirió muchas veces.

Nuestro enemigo no se dormía en su fragata (me decía).
Era un enemigo de coraje.
Ingleses duros y aguerridos como no he visto nunca
ni pienso ver jamás.
Al caer la tarde comenzaron a batirnos.

Los abordamos.
Se enredaban las jarcias
y se tocaban casi las bocas de los cañones.
El capitán trincaba firme, con sus propias manos,
como cualquier marinero
Algunos disparos nos barrenaron bajo la línea de flotación.
Dos grandes cañones de nuestra batería de cubierta
estallaron al romper el fuego,
y hechos pedazos volaron sobre nuestra cabeza los que estaban al lado.

Luchamos durante el crepúsculo
Y luego en la sombra cerrada.
A las diez, surgió llena la luna.
Su luz nos advirtió que las vías de agua crecían y que se inundaba el barco.

Y sobre todo la mas bella, la mas hermosa de sus poesias:

Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena…
y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes…
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en tí alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante tí
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
(…)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.
(…)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco.